De hecho, cuando pidieron a Pío XI (1922-1939) que declarase a Santa Teresa doctora de la Iglesia, dijo «obstat sexus» (lo impide su sexo).
Hoy nos puede parecer increíble, pero hasta 1967 no se resolvió definitivamente la duda sobre si las mujeres podrían ser declaradas Doctoras.
La cuestión fue estudiada ese año por la Sacra Rituum Congregatio, entonces responsable de las causas de los santos, que elaboró una Peculiaris Positio[1] sobre la posibilidad de conceder el título a mujeres cuya santidad y doctrina hubieran beneficiado notablemente a la Iglesia. Los dictámenes favorables de los cuatro teólogos consultados (un carmelita, un franciscano, un jesuita y un dominico) permitieron a Pablo VI anunciar su intención de declarar Doctoras de la Iglesia a Santa Teresa de Jesús y Santa Catalina de Siena el 15 de octubre de 1967.
Desde entonces, sexus non obstat.
[1] Sacra Rituum Congregatio, Positio peculiaris super dubio An titulus et cultus Doctoris Ecclesiae tribuí possit sanctis Mulieribus, quae sanctitate ac eximia doctrina ad commune Ecclesiae bonum magnopere contulerunt, Typis Poliglottis Vaticanis, 1967.
